
Denys Roman, el colaborador de Guénon que mejor comprendió la obra masónica del gran metafísico francés, dice:
“Querríamos ahora intentar explicar las razones de la
atención privilegiada acordada por Guénon a la Franc-Masonería. Creemos que es
debido, en primer lugar, al hecho de que esta organización admite a miembros
pertenecientes a tradiciones diferentes.En consecuencia, los representantes de
estas diversas tradiciones, pueden reencontrarse, y es, incluso, remarquémoslo,
el único ‘vínculo tradicional’ donde tales contactos pueden establecerse.
La
cosa está lejos de carecer de importancia en la época del ciclo en la nos
encontramos ahora. Pero este ‘parentesco’ de la Masonería con las diversas
tradiciones, aporta otra consecuencia, también muy importante.
Cuando una
organización relevante de tal o cual tradición, está a punto de desaparecer,
puede transmitir todo, o parte, de su ‘depósito’ a otra organización relevante
de la misma tradición; pero también puede hacérsela a la Masonería, puesto que
esta última no es extraña a ninguna forma tradicional.
Y es por lo que Guénon
ha podido escribir que la Masonería tiene varios orígenes, habiendo recibido la
herencia de numerosas organizaciones anteriores. Se sabe que las más célebres
de estas herencias son el Orfismo y el Pitagorismo de los griegos y los
Collegia Fabrorum de los Romanos, que suponen tradiciones ‘desaparecidas’, y,
seguidamente, la Orden del Temple y el ‘Colegio invisible’ de la Rosa-Cruz,
revelando la tradición cristiana. Tales herencias son eminentemente preciosas.
Los colegios de artesanos fueron fundados por Numa (equivalente romano del Manu
védico), que hizo construir el Templo de Janus, el dios de la doble cara, cuyo
santuario se encontraba abierto durante la guerra y cerrado durante la paz. En
cuanto a la herencia órfico-pitagórica, religa a la Masonería con la Tradición
primordial, a causa de los lazos de Pitágoras con el Apolo délfico e
hiperbóreo.
La Masonería ha permitido así, que elementos relevantes de
civilizaciones muertas, puedan permanecer vivas y, de ser así, no sólo son
vestigios del pasado, sino también los “gérmenes” para el futuro. Y esto puede
llevarnos a pensar en la “separación que debe efectuarse en el fin del ciclo,
entre lo que debe perecer y lo que debe salvarse, separación que es análoga a
lo que, en el Cristianismo, es el ‘juicio final’