viernes, 10 de junio de 2022

SIMBOLO, RITO, INICIACIÓN Siete Maestros Masones


En 1992 apareció en la editorial Obelisco de Barcelona la obra "Símbolo, Rito, Iniciación", firmada por Siete Maestros Masones, fruto del trabajo de buril de logias ligadas a "La Gran Logia Operativa Latina y Americana".  Los que se presentan a continuación son igualmente escritos leídos en Logia, y constituyen un testimonio de los trabajos de un taller en activo.

 La lectura de esos "trazados" o "planchas buriladas" por los hermanos se ubica en el orden del día de los trabajos de una tenida ordinaria. En esta ocasión queremos reproducir una selección de las planchas de nuevos maestros no incluidos en la publicación mencionada anteriormente que participan de modo activo en la constante recreación de la Obra Constructiva del Gran Arquitecto del Universo.

Imagen Serie Teatro Hermético de la Memoria 49


martes, 17 de mayo de 2022

MASONERÍA MITO Y MITOLOGÍA. Revista CULTURA MASÓNICA

Nuevo ejemplar de la revista CULTURA MASÓNICA, el nº 49, titulado 

MASONERÍA MITO Y MITOLOGÍA

En el que Mª Ángeles Díaz ha colaborado con un artículo sobre los mitos femeninos en la iniciación en general y en la Masonería en particular. Dejamos el enlace para más información por si interesa. 

https://www.masonica.es/libro/cultura-masonica-no-49_139860/

miércoles, 23 de febrero de 2022

REFLEXIONES SOBRE EL SER UNIVERSAL * SIETE MAESTROS MASONES


Todo acto creativo es bello porque reproduce el gesto primordial que el hombre sacraliza al recrearlo. Todo obedece a arquetipos. No hay nada fuera de ellos y en la medida en que el hombre es consciente de ello los toma como su modelo y ejemplo; no hay nada fuera del arquetipo. Es el orden en el cual se manifiesta la Unidad en toda la Creación repitiéndose siempre en todos los planos. Basta penetrar la apariencia de las cosas y los seres, de los mitos, los ritos y símbolos para ver que todo responde a una realidad otra, viva, que es la verdadera, y que el hombre mismo puede descubrir, traspasando lo aparente que a su vez manifiesta y oculta la esencia única. Las formas visibles manifiestan formas invisibles que provienen de ideas que a su vez producen imágenes conformando la visión, análoga al discurso del Verbo, la Palabra, o el sonido del Fiat Lux que conducido por el aire y el viento penetra en el oído, como un soplo, produciendo la audición. Estas visiones y audiciones conducen en última instancia a Aquel que las produce, las genera. Un Pensamiento Eterno, una mente que concibe todo, es todo y está en todo siempre –Uno– que siendo la primera determinación se le suele nombrar en términos negativos, pues por su propia naturaleza es innombrable, incognoscible, indescriptible. Sólo se le conoce por su manifestación cuando, al desplegarse la unidad, se fragmenta ilusoriamente desde la perspectiva del hombre quien no puede concebirla si no es por la dualidad, o sea, el sujeto que conoce y lo otro.

Y es más, no es el hombre como tal quien conoce sino en tanto que él está comprendido en la Unidad, la cual yace en el centro de su corazón, que a través de la sangre impulsa, anima e ilumina todos los sentidos transformándolos en verdaderos receptores y traductores de lo más íntimo y misterioso, percibido por mediación de la Belleza de la que dice Ficino: es el esplendor del rostro de Dios.

Pero para conocerle hay que descubrir a Isis tras los velos con los cuales se oculta, es decir, tal como lo hace aquella Gracia de "La Primavera" de Botticelli que está de espaldas con la mirada hacia Hermes quien separa o penetra con su varita las nubes, desvelando los misterios de la Sabiduría. En otras palabras, remontarse a los principios, a la ontología, de donde emanan el orden y las ideas, la creación manifestada por númenes-dioses, ángeles arquetípicos por medio de los cuales revivimos las gestas míticas originales, verdaderamente heroicas por la naturaleza de los obstáculos e impedimentos causados por el olvido, nuestra falsa identidad y la ilusión, además de la atracción cada vez mayor hacia lo más bajo y obscuro impulsada por los tiempos cíclicos acelerados que nos toca vivir apagando la llama y cerrando el espacio a toda luz.

Pero tan poderoso es el imán de lo verdadero que al que se entrega a su atracción, a la Voluntad Divina, le es permitido por su cercanía recibir los destellos y percibir el misterio inagotable por mediación de la Belleza y la Armonía en todo, o sea por el Amor que todo une, es decir, en las verdaderas nupcias de lo celeste y lo terrestre, propiciadas por Venus, en la perfecta unión.

Vista así, la individualidad es un intermediario, un vehículo en el cual acontece un proceso arquetípico y que a su vez conduce a la Verdadera Identidad, u Hombre Verdadero donde se trasciende lo individual para fundirse en lo Universal pudiendo acceder al auténtico Origen, la Quinta Esencia.

El hombre, como centro del universo que es, comprendiendo y sometiéndose a la función que le toca, a través del sacrificio, ocupando el lugar central que le corresponde –como lo atestiguan todas la culturas tradicionales– en la estructura y orden generado por la Unidad, de la cual es parte y está contenido, es que es, o sea, que se es en la medida que se entra en la unidad de un orden.

Y sólo allí, siendo plenamente Uno podrá intuir lo que está más allá del Ser, desapareciendo o fundiéndose en el No Ser, lo no determinado, el No Saber, la Quietud Absoluta, la última identidad.

 

NOTA

*        Este trazado pertenece al volumen de arquitectura:  La Logia Viva, Simbolismo y Masonería, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006. Se trata de planchas realizadas por los HH:. de las distintas Logias que estuvieron bajo el amparo de la Gran Logia Operativa Latina y Americana, de la que Federico González fue su Serenísimo Gran Maestre.





La Primavera. Botticcelli

 

martes, 22 de junio de 2021

EL FUEGO FILOSÓFICO. Siete Maestros Masones

 


Pontanus en su Epístola del Fuego Filosófico afirma que todo el magisterio de la Piedra se encuentra en las breves palabras del único Hermes. Veamos que dice Hermes en su discurso La Clave:

La mente, pues, cuando marcha del cuerpo terrenal se reviste inmediatamente de su propia vestimenta adecuada, esto es, una vestimenta de fuego…,

 y añade más adelante:

la mente es la hacedora de las cosas, y al hacer las cosas usa al fuego como instrumento.

La mente, nous, espíritu, corresponde al fuego, siendo análogo a la voluntad. El fuego filosófico se identifica pues con la voluntad en cuanto ascesis encaminada a obtener un desarrollo espiritual.


Este fuego disuelve las "conchas", las impurezas incrustadas en el alma o mundo intermedio, cuyas densidades impiden a las influencias celestes descender a la Tierra Filosófica, del mismo modo que impide ascender las influencias telúricas hacia la Bóveda Celeste.


El mundo intermedio o alma es el lugar donde ambas influencias sutiles deberían mezclarse y rectificarse mutuamente, por eso la primera operación de la Obra es la purificación de la Materia, para lo que previamente el Artista debe haber aprendido a encender el fuego extrayéndolo, por los medios apropiados, de la Mina donde arde consumiéndose a sí mismo en espera de ser liberado, así como a manejarlo según los grados convenientes a cada fase de los Trabajos. Pues si su presencia ha de ser constante, sin él no sería posible realizar la Obra, su intensidad no es siempre la misma.


El fuego, siendo un elemento natural, aunque de origen celeste, sufre alteraciones de grado según las leyes que rigen la Naturaleza, por lo que ésta ha de ser nuestra primera maestra y guía.


Así pues, una vez el aprendiz del Arte conoce la Materia, el Fuego y sus grados, puede comenzar los Trabajos de la Obra, y empezará por la putrefacción, pues la vida sólo puede surgir de la muerte, y sin regeneración no es posible extraer el calor del Azufre ni la humedad del Mercurio.


Es necesario añadir que aun cuando se habla del fuego en singular, como siendo uno, habría que considerarlo como doble; uno celeste y otro terrestre. El celeste es puro, luz que no quema, mientras que el terrestre ilumina pero quema, y es impuro. Sin embargo los dos son necesarios.


El fuego terrestre es connatural a todo ser, siendo aquel calor que anima la vida y la sustenta. Pero así como en los seres sin razón dicho fuego es el que les permite sobrevivir, en el ser humano, dotado de razón, puede ser el aguijón que le hiera y la cadena que le ate a los mundos inferiores, o bien la chispa que prenda en él la llama oculta en el fondo de la Mina


Ahora bien, puesto que es necesario un impulso hacia lo superior, éste sólo se producirá si el fuego celeste desciende y anima al fuego terrestre; de esta forma será posible el ascenso 

Este trazado pertenece al volumen de arquitectura:  La Logia Viva, Simbolismo y Masonería, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 200


Escudo de la "Gran Logia Operativa Latina y Americana"