martes, 18 de enero de 2011

¡HUZEI, HUZEI, HUZEI!


Autor: Siete Maestros Masones





Huzei, Huzei, Huzei, es de la expresión que está relacionada con la Fuerza que emana del Gran Arquitecto del Universo, de donde el masón extrae su fuerza, y es por eso que los hermanos la repetimos con gran energía, tanto durante el rito de apertura de la Logia como en el de su clausura, y en esta alocución participan todos los miembros del taller. Concretamente la "aclamación escocesa" ¡Huzei, Huzei, Huzei! se pronuncia justo después de haberse consagrado el Templo a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo y a petición del Venerable Maestro que pide a todos que le asistan con fuerza y júbilo en la ofrenda de los trabajos que acaban de iniciarse. Lo cual indica que estos deben ser emprendidos con energía, y vividos como un rescate de la luz oculta entre las tinieblas que supone el mundo profano, equivalente a un viaje simbólico en busca del conocimiento que se opone a la ignorancia.
Nuevamente, y a petición del Venerable Maestro, la expresión se repite en el momento en que los trabajos se cierran y los hermanos están prontos a separarse y por tanto necesitados de ánimo para mantener despierta y en alerta la conciencia una vez clausurada la hora de la reunión.
La aclamación ¡Huzei, Huzei, Huzei!, va seguida de la divisa "Libertad, Igualdad Fraternidad" y es, además, la proclama con la cual todos los asistentes a una tenida celebran unánimemente con alegría, algún acontecimiento que tenga que ver con el bien general de la Orden, de la Logia o de algún hermano en particular.
Pero sobre todo la aclamación escocesa, como la divisa "Libertad, Igualdad, Fraternidad", o también el "¡Viva, Viva, Siempre Viva!" que se emplea en otros Ritos, es una exclamación de poder tal cual son todas las palabras de invocación al ánimo y al valor con el cual deben acometerse las grandes empresas, aquellas donde es de vital importancia para asegurarse la victoria, mantener la unidad de las voluntades, pues ya se sabe que es en la unión donde está la fuerza. Por eso, esa arenga, es un grito que proclama la imperiosa necesidad que hay en el Mundo de alcanzar la unidad entre los hombres y como mínimo, entre todos los masones, pues aunque participemos de Ritos diferentes lo que cuenta, al fin y al cabo, es que todos juntos conformemos la Gran Logia de la Masonería, representada por cada una de sus Obediencias y talleres donde se repite con el ánimo adecuado ese grito de invocación unísono de glorificación a una idea, la Unidad del Ser, simbolizada por la unión entre los hermanos de la Logia que hacen la proclama.
En verdad, sólo después de esta aclamación unánime, ¡todos a una!, comienzan verdaderamente a ejecutarse los trabajos de una Logia, pues si la primera parte del ritual de una tenida tiene que ver con los símbolos y los ritos de fundación y consagración del espacio, este clamor alienta a la acción, aunque no a cualquier acción, sino a un estado del alma similar a poseer una determinada energía con la cual ayudarnos a lograr la unión perfecta entre los hermanos con el fin de que podamos, todos juntos, expandir la luz obtenida a través del rito regenerador, en todos los ámbitos de nuestra vida.
Sin embargo el poder de esta aclamación, que la Logia vive como acto expansivo, activo y yang, sólo es efectivo, no lo olvidemos, si nace de una íntima concentración, de un silencio interno y de un corazón sincero por parte de cada uno de los miembros que la proclama, y cuya confianza la tenga depositada en el estudio y la meditación de los símbolos que la Masonería tiene a nuestro alcance, de tal modo que sea de esa revelación directa, obtenida del esfuerzo del propio trabajo de donde cada uno de los hermanos extraiga la fuerza que finalmente ayude a construir la Logia. Ya que la alianza entre los hermanos es el símbolo de la Unidad del Gran Arquitecto que desdoblándose en miríadas de seres produce la manifestación, siendo esta la verdad que protegemos en nuestros corazones, la que nos une a todos los verdaderos iniciados y es, por cierto, y valga la paradoja, el secreto masónico que con mayor ardor se grita y símbolo del misterio de la confraternidad.
Porque el masón, el verdadero masón, no trabaja con hipótesis, ni especulaciones, ni está interesado en las luchas de poder tanto políticas como religiosas, negocios éstos abocados al fracaso por cuanto abonan las mentes de aquellos que las disputan haciendo nacer en ellos la discordia, camuflada en los separatismos, los fanatismos, las injusticias y las corrupciones del planeta, todo lo cual es una ofensa a la Diosa Inteligencia, abanderada de la causa ma­só­nica. Nuestro objetivo es construir el Templo Universal, cuyos planos siguen las leyes de la Cosmogonía diseñadas por el G.·. A.·. D.·. U.·.
La Masonería es una escuela de aprendizaje, una vía hermética e intelectual de la doctrina tradicional transmisora, a través del rito y del simbolismo constructivo, de una enseñanza ancestral basada en la Ciencia de las analogías y las correspondencias capaz de ayudarnos a desentrañar el misterio del cosmos y de todos los seres que lo habitan. Es pues propio de la Vía Simbólica mediar entre los distintos niveles de la realidad empezando por el descubrimiento de la propia identidad, puente hacia el Conocimiento esencial. Es mediante la Ciencia Simbólica, que nos enseña a descubrir el Orden Universal, que podemos comprender lo absurdo de las discordancias entre los seres, lo cual es una ilusión burda nacida de la ignorancia y del fanatismo. La falta de conocimiento de ese Orden se traduce, entre otras cosas, en una total ausencia de valores que han abocado al fracaso a los hombres de hoy.
Por eso los grandes iniciados, y los auténticos maestros de todas las tradiciones siempre nos instan a que investiguemos los secretos de la Cosmogonía, a que conozcamos sus leyes, y a que construyamos con conocimiento. Recordándonos que nuestros símbolos no son alegorías, son una ciencia hermética, tradicional, verdadera y muy efectiva. Alertándonos además que debemos mantenernos atentos, y no faltar al deber: expandir la luz en el Mundo.
Hay que imponerse a la estulticia y anunciar que sólo el Conocimiento hace libres a los hombres y nos da la medida de nuestra propia dimensión, clamar que el espíritu y la materia, que el cielo y la tierra, conforman un todo jerarquizado, y que es el hombre, el iniciado, el que establece la comunicación entre ambos.
Comprobemos cómo los masones, los verdaderos masones, los maestros herméticos, nunca se conformaron a la injusticia, a la falta de escrúpulos, a la falta de libertad para el crecimiento de los pueblos, difundiendo en cambio la Cultura, difundiendo la Ciencia Sagrada. Nuestros útiles, nuestras herramientas, nuestros símbolos no dejan resquicio al equívoco. La construcción ha de ser siempre vertical, siempre ascendente, trabajando constantemente a la Gloria de Aquel que nos da la fuerza, el Gran Arquitecto del Universo, al que ofrecemos todos nuestros esfuerzos y en el que está permanentemente depositada nuestra esperanza.




NOTA: Este trazado pertenece al volumen de arquitectura: La Logia Viva, Simbolismo y Masonería, publicado por Ed. Obelisco, Barcelona, julio 2006.



jueves, 13 de enero de 2011

Algunos Símbolos del Grado de Compañero


Autor: René Guénon






Considerando que la mayor parte de los artículos del presente mes (Mayo de 1998) giran en torno a la simbólica del grado de Compañero, hemos creído oportuno recoger varias reseñas que Guénon hizo de algunas revistas masónicas de su época, y que tratan muy sucintamente de diversos símbolos de ese grado, especialmente de la letra G y la Estrella flamígera, así como de algunas nociones clarificadoras sobre las herramientas, el arte y el oficio. (El Taller)


Compagnon du Tour de France. Enero y Marzo de 1940 (incluido en Etudes sur la Franc-maçonnerie et le Compagnonnage tomo I, págs. 311-312).- Contiene un buen artículo sobre El Util, por el C:. Georges Olivier, de donde extraemos estas justísimas consideraciones: "El útil engendra el oficio; el oficio, las artes; en la edad media, oficio y arte eran sólo uno... El útil es a la medida del hombre; lleva en él, sobre él, la personalidad de su maestro... En el taller, el útil adquiere a los ojos del iniciado el valor de un objeto sagrado. ¿No es acaso el taller un templo donde se medita, se estudia, donde se cumple un trabajo: una parte de la obra universal?... En cualquier tiempo, sin duda, el útil fue considerado como un símbolo... Se encuentra en nuestros museos banderas bordadas del santo llevando el útil y la divisa del cuerpo de oficio: vestigios y testimonios de una época en donde se compenetraban intensamente la vida económica y la vida espiritual, donde el trabajo materializaba la fe, y donde la fe espiritualizaba el trabajo. Símbolos también, y desde diferentes puntos de vista, la escuadra y el compás de los Compañeros, que, añadiendo el útil distintivo de la profesión, han querido ver la unión de lo intelectual y de lo manual en un mismo obrero: el Artesano". Sería deseable que estas reflexiones fueran observadas por aquellos que pretenden sostener la superioridad de lo "especulativo" sobre lo "operativo", y que creerían firmemente que el simbolismo es patrimonio de los "especulativos" únicamente. Tan sólo tenemos reservas sobre un punto: no es exacto decir que la máquina es un "útil perfeccionado", porque, en cierto sentido, ella es más bien lo contrario: mientras que el útil es de alguna manera un "prolongamiento" del hombre, la máquina reduce a éste a no ser más que su servidor, y si es cierto que "el útil engendra el oficio", no lo es menos que la máquina lo mata; pero, en el fondo, puede que sea éste el verdadero pensamiento del autor, puesto que enseguida afirma que "en nuestros días, la máquina suplanta al útil, la fábrica al taller, la sociedad laboriosa se escinde en dos clases por la intelectualización de la técnica y la mecanización de la mano de obra, que preceden a la decadencia del hombre y la sociedad".

Continuar la lectura del artículo en "El Taller. Revista de Estudios Masónicos".


Imagen de Cabecera: Cuadro de Logia de Compañero.










miércoles, 13 de enero de 2010

La Simbólica de la Apertura de la Logia


Autor: Francisco Ariza





El ritual de apertura y clausura de la Logia masónica es, junto a los manuales de instrucción y los símbolos que aluden a la construcción, el legado que la Masonería actual ha recibido de la antigua Masonería operativa. Esto ha permitido que se continuara conservando la descripción simbólica de la cosmogonía, y por consiguiente, la posibilidad de acceder a su conocimiento y comprensión. De esta manera lo fundamental del Arte Real masónico, que ejemplifica el proceso que conduce a ese conocimiento, se ha perpetuado a través del tiempo, y con él el Espíritu de esta organización iniciática de Occidente. Esta sería la principal razón de que la Masonería continúe siendo una tradición viva con todos los elementos necesarios para hacer efectiva la realización espiritual. Por otro lado, el que muchos miembros de la Masonería ignoren el verdadero contenido iniciático y esotérico de la Orden a la que pertenecen, en nada altera la validez de la iniciación masónica, ni disminuye su fuerza para quien esté interesado realmente en un trabajo interno serio y ordenado, y sepa ver más allá de la apariencia formal e «institucional» con que se reviste y «cubre» esta tradición para expresar la primordialidad de su mensaje, el que constituye su esencia y su razón misma de ser.
En esta primera parte vamos a ceñirnos especialmente a la simbólica del ritual de apertura de la Logia, ritual que consagra, en el verdadero sentido de la palabra, los trabajos que en ella se cumplen. En efecto, mediante dicho ritual, lo que no era sino un lugar cualquiera, deviene un templo, esto es, un espacio sacralizado y significativo. Gracias a la acción de las energías espirituales vehiculadas por los símbolos, palabras y gestos rituales, podría decir se, que ese lugar es «transmutado» en algo esencialmente distinto de lo que era. De ahí, por tanto, la importancia de que el ritual sea practicado lo más perfectamente posible, siguiendo con la máxima escrupulosidad lo en él prescrito, y sin alterar, suprimir o modificar sin razón alguna ninguno de los elementos que lo constituyen, ya que en el respeto a los mismos reside precisamente la eficacia del propio rito. Naturalmente esto no quiere decir que los gestos rituales se repitan de una manera «mecánica», sino que al tiempo que se realizan han de comprenderse las ideas que vehiculan, que hablan de una realidad arquetípica, siendo uno con ellas, pues el rito no es otra cosa que el símbolo hecho gesto. Por consiguiente, el ritual ha de vivirse como lo que realmente es, como un conjunto o un todo ordenado y armóni co en donde cada una de las partes que lo conforman se corresponden mu tuamente entre sí. Se trata, por tanto, de un organismo que está vivo, y que actúa de acuerdo a los estímulos que recibe, es decir en cuanto se pone en práctica de una manera consciente. Es por eso que si una de esas partes faltara el ritual entero se resentiría, perdiendo «fuerza y vigor» la influencia espiritual que a través de él se transmite.

Para su mejor explicación, podemos dividir el ritual de apertura en cuatro partes:

- Asegurarse de la «cobertura» de la Logia.

- Comprobar la regularidad iniciática de los asistentes y determinación del

espacio simbólico

- El encendido de las luces y el trazado del cuadro de Logia.

- Descripción del tiempo simbólico y consagración de la Logia

Continuar la lectura en "El Taller. Revista de Estudios Masónicos"- Dirigida por el autor de este artículo.


Imagen de la cabecera: Cuadro de Logia de Aprendiz

jueves, 25 de junio de 2009

Tradición Hermética y Masonería


Autor: Federico González





En el antiguo manuscrito masónico Cooke, (circa 1.400) de la Biblioteca Británica, se lee en los párrafos 281-326 que toda la sabiduría antediluviana fue escrita en dos grandes columnas. Después del diluvio de Noé, una de ellas fue descubierta por Pitágoras, la otra por Hermes el Filósofo, los cuales se dedicaron a enseñar los textos allí grabados. Esto se encuentra en perfecta concordancia con lo atestiguado por una leyenda egipcia, de la que ya daba cuenta Manethon ­según el mismo Cooke­ vinculada también con Hermes.
Es obvio que esas columnas, u obeliscos, asimilados a los pilares J. y B. son las que sostienen el templo masónico ­y a la vez permiten el acceso al mismo­ y configuran los dos grandes afluentes sapienciales que nutrirán la Orden: el hermetismo que asegurará la protección del dios a través de la Filosofía, es decir del Conocimiento, y el pitagorismo que dará los elementos aritméticos y geométricos necesarios, que reclama el simbolismo constructivo; se debe considerar que ambas corrientes son directa o indirectamente de origen egipcio. Igualmente que esas dos columnas son las piernas de la Madre logia, por las que es parido el Neófito, es decir por la sabiduría de Hermes, el gran iniciador, y por Pitágoras el instructor gnóstico.

De hecho, en la más antigua Constitución Masónica editada, la de Roberts publicada en Inglaterra en 1722 (por lo tanto anterior a la de Anderson), pero que no es sino la codificación de antiguos usos y costumbres operativos que derivan del Medioevo, y que serán desarrollados posteriormente en la Masonería especulativa, se menciona específicamente a Hermes, en la parte llamada "Historia de los Francmasones". En efecto, allí aparece en la genealogía masónica con ese nombre y también con el de Gran Hermarmes, hijo de Sem y nieto de Noé, que después del diluvio encontró las ya mencionadas columnas de piedra donde se hallaba inscrita la sabiduría antediluviana (atlántica) y lee (descifra) en una de ellas lo que luego enseñará a los hombres. El otro pilar, como se ha mencionado, fue interpretado por Pitágoras en cuanto padre de la Aritmética y la Geometría, elementos esenciales en la estructura de la logia, y por lo tanto ambos personajes conforman, como hemos visto, el "alma mater" de la Orden, en particular en su aspecto operativo, ligado a las Artes liberales.

En el manuscrito Grand Lodge nº 1 (1583) sólo subsiste la columna de Hermes, reencontrada por "el Gran Hermarines" (a quien se hace descendiente de Sem) "que fue llamado más tarde Hermes, el padre de la sabiduría". Nótese que Pitágoras no figura ya como el intérprete de la otra columna. En el manuscrito Dumfries nº 4 (c. 1710) también aparece, como "el gran Hermorian", "que fue llamado 'el padre de la sabiduría' ", pero, en este caso, se ha rectificado su origen de acuerdo al texto bíblico que lo hace descendiente de Cam y no de Sem, por intermedio de Kush; como dice J.-F. Var en La franc-maçonnerie: documents fondateurs, Ed. L'Herne, p. 207, n. 33: "Ahora bien, en el Génesis (10, 6-8), Kush es el hijo de Cam y no de Sem. El redactor del Dumfries ha rectificado consecuentemente la filiación. Al mismo tiempo, esta filiación resulta ser la que la Escritura da de Nemrod. De aquí la asimilación de Hermes con Nemrod, contrariamente a otras versiones que hacen de ellos dos personajes distintos."

Así lo destaca también el manuscrito que se ha llamado Regius descubierto por Haliwell en el Museo Británico en 1840 al que reproduce J. G. Findel en la Historia General de la Francmasonería (1861), en su extensa primera parte que trata de los orígenes hasta 1717, aunque en él no se incluye a Pitágoras como el hermeneuta que junto a Hermes descifra los misterios que heredarán los masones, sino a Euclides, al que se lo hace hijo de Abraham; a este respecto debe recordarse que el teorema del triángulo rectángulo de Pitágoras fue enunciado en la proposición cuarenta y siete de Euclides.

El mismo Findel refiriéndose a la cantidad de elementos gnósticos y operativos que constituyen la Masonería y concretamente ocupándose de los canteros alemanes afirma: "Si la conformidad que resulta entre el organismo social, los usos y las enseñanzas de la Francmasonería y los de las compañías de masones de la Edad Media ya indica la existencia de relaciones históricas entre estas diversas instituciones, los resultados de las investigaciones hechas en los arcanos de la historia y el concurso de una multitud de circunstancias irrecusables establecen de modo positivo que la Sociedad de los Francmasones desciende, directa e inmediatamente, de aquellas compañías de masones de la Edad Media." Y agrega: "la historia de la Francmasonería y de la Sociedad de los Masones está por ello mismo íntimamente unida a la de las corporaciones de masones y a la historia del arte de construir en la Edad Media; es, pues, indispensable dirigir una rápida ojeada sobre esta historia para llegar a la que nos ocupa."

Continuar la lectura en la Página de la "Gran Logia Operativa Latina y Americana"


Imagen de la cabecera: Escudo de Armas del Capítulo de los Rosa Cruz de Heredom de Kilwinning, París 1776